Bilingüismo, contextos cambiantes y consideración de la primera lengua

Leo en un artículo sobre bilingüismo que la lengua utilizada en la interacción entre padres e hijo, desde la etapa de desarrollo de su capacidad cognitiva, es única. Lo es, como dicen los autores, por su carga emotiva, puesto que es una parte importante de los recuerdos de la infancia y forja, en buena medida, la personalidad del hablante. También parece que es única desde un punto de vista meramente físico. Los resultados de una investigación reciente muestran que la lengua a la que el niño ha sido expuesto deja una impronta (una marca física) en el cerebro, que no desaparece, aunque el niño cambie de contexto lingüístico, aprenda otras lenguas a una edad temprana o, incluso, aunque olvide la primera lengua a la que estuvo expuesto de forma permanente por otra nueva. Esto último es lo que ocurre en los casos de adopción. Pero, dejando de lado este segundo artículo, a lo que se refieren los autores del primero es al carácter único de la lengua usada en la interacción con los padres por lo complejo e imprevisible de sus consecuencias en el comportamiento lingüístico de la persona adulta.

El caso que ponen como ejemplo es conmovedor: una persona alemana de origen judío fue enviada a Inglaterra cuando tenía 13 años. Después, supo que toda su familia había muerto en los campos de concentración nazis. Para esta hablante de alemán, esta lengua representaba, de alguna forma, todos los terrores y pérdidas que había sufrido en su vida. La primera vez que visitó Alemania después de la guerra, sintió que no podía tolerar la exposición a este idioma, que el mero hecho de escucharlo le causaba desasosiego y malestar físico. Esta sensación de repulsión se mantuvo con ella toda su vida, excepto con una excepción: cuando se convirtió en madre y, después, en abuela, les hablaba y cantaba a los niños en la misma lengua que sus padres habían utilizado cuando ella tenía su misma edad.

A un nivel totalmente diferente, uno de los casos más extraños que conozco en cuanto a afiliaciones y usos lingüísticos es el de dos hermanos rumanos que utilizan el español para hablar entre ellos, a pesar de que el rumano es su lengua materna y fueron escolarizados en una escuela rumana. Sus vidas dan pistas sobre esta elección lingüística, pero la explican solo en parte: su familia dejó Rumanía cuando eran adolescentes. El hermano mayor estudió varios años en una universidad española. El menor aprendió español en la escuela, en Rumanía, pero nunca ha vivido en un país de habla hispana. Vivieron unos años en Marruecos y, finalmente, se trasladaron a Canadá, en donde residen.

La razón del cambio de lengua entre ellos no está motivada por la falta de uso del rumano, puesto que ha sido y sigue siendo la lengua familiar. No parece que sea una cuestión de prestigio: la comunidad rumana en Montreal es numerosa y muy activa culturalmente; además, en un entorno mayoritariamente francófono, la lengua de prestigio sería el francés y no el español. Seguramente, la razón de su elección se deba más bien a causas afectivas y, en especial, al tipo de unión que los hermanos desarrollaron desde que dejaron Rumanía. En cualquier caso, ni ellos mismos fueron capaces de (o quisieron) explicarme el porqué de este cambio.

La falta de un razonamiento claro respecto al comportamiento lingüístico suele ser algo común entre los llamados hablantes de herencia, personas en cuyas familias se habla, a una edad temprana, un idioma diferente al de la sociedad en la que se encuentran. Por ejemplo, suele suceder que un hablante de herencia utilice una lengua con su hermano, pero otra con su hermana, y que no sepa muy bien por qué es así. Simplemente, siempre se han comunicado así. Pero es que en el caso de los hermanos rumanos, no son hablantes de herencia de español: ¡lo aprendieron como L2!

Como ya he dicho, la relación de los hablantes de herencia con sus lenguas también puede ser bastante imprevisible. Hace apenas unas semanas conocí a una adolescente irlandesa de origen africano. El contexto y la conversación giraba en torno a las lenguas, por lo que me contó las lenguas que hablaba (inglés, irlandés y francés) y cómo las había aprendido. Lo curioso vino cuando, después de un rato, admitió que conocía un idioma más, pero no lo había mencionado anteriormente. Era una lengua africana. Se refirió a ella en todo momento como “la lengua de mis padres”. Este detalle, el hecho de que fuera la lengua de sus padres, pero no la considerara como suya, es lo llamativo, porque fue la primera lengua a la que fue expuesta y también en la que dijo sus primeras palabras. En algún momento temprano decidió no utilizarla más y comunicarse solamente en inglés, también con sus padres.

Esta reacción, aunque no tan habitual entre los hablantes de herencia de primera generación, sucede con algunos niños. Al contrario del caso anterior, en este el prestigio de la lengua y la propia percepción de los padres respecto a la lengua familiar pueden tener algo que ver. También lo tendrá, en alguna medida, la política lingüística y cultural del país con los inmigrantes. Irlanda y Canadá presentan casos opuestos. Sin embargo, la manera de explicar la relación de esta adolescente con la lengua hablada por su familia no dejaba lugar a dudas: no era suya ni le pertenecía. Ni siquiera le interesaba hablarla.

Los autores del primer artículo se apoyan en la imprevisibilidad que algunos contextos cambiantes producen en los hablantes para tratar la atrición o pérdida progresiva de una lengua. Más concretamente, presentan la no linealidad del proceso como un rasgo que equipara la atrición a los sistemas dinámicos complejos y a la teoría de la complejidad. Aunque esta analogía pueda ponerse en cuestión (planteo algunas dudas aquí), poco se puede decir en contra del carácter único de nuestra/s primera/s lengua/s. Son los contextos menos convencionales (aunque el incremento de la movilidad transnacional los hace, cada vez, más convencionales) y sus consecuencias a nivel psicológico y psicolingüístico en el hablante los que hacen que el carácter de la primera lengua, además de único, sea imprevisible.

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Complex dynamic systems and second language acquisition

Paper presentation at the IRAAL’s Annual Conference 2016: “Paradigm shifting in applied linguistics: new theories and new methods”. Irish Association for Applied Linguistics. Trinity College Dublin.