Algunas notas (lingüísticas) a la película ‘La llegada’ – Arrival

 

El mero hecho de hablar sobre extraterrestres es ya, de por sí, hacer ciencia ficción. Tratar de hacerlo de forma razonada, coherente y verosímil es muy complicado; esto es una obviedad, pero sirve para dejar constancia de que lo que sigue no es más que un ejercicio de abstracción lingüística.

La película prometía. No es habitual que el lenguaje tenga un lugar tan destacado en el argumento de una película. A decir de algunos comentarios en la red, por fin se hacía justicia a una profesión tan ignorada y hasta denostada como la del lingüista. Pobres de nosotros, que tenemos que aguantar la incomprensión de preguntas como y tú, ¿qué es lo que haces exactamente? ¿Eso para qué sirve? Hablarás muchas lenguas, ¿verdad? A mí, sinceramente, no me molesta.

Pues bien, como suele ocurrir cuando las expectativas son altas, en mi opinión, el resultado fue desigual, tanto en lo lingüístico como en lo cinematográfico. Eso sí, los comentarios de lingüistas y críticos que he podido leer han sido, en general, positivos. En cualquier caso, lo más llamativo para mí, sin duda, fue reconocer desde un cine de Dublín, al principio de la película, el edificio de la facultad de artes y ciencias de la Université de Montréal en donde se encontraba mi oficina. Desde luego, es casualidad que eligieran esa universidad para la ambientación de la parte académica de la película y, teniendo en cuenta que es inmensa (su extensión ocupa casi tres paradas de metro), lo es todavía más que se centraran, precisamente, en esa mole de edificio de estilo brutalista en la que pasé los últimos tres cursos académicos. Fue la primera sensación extraña.

Volviendo al tema, hay que reconocer que, para que el argumento de una obra de ficción con extraterrestres tenga recorrido, se debe asegurar que se produzca la comunicación con los humanos. Es una necesidad del guion porque, de lo contrario, no habría historia que contar. Eso es lo que pasa en esta película, aunque sea in extremis, como cuando uno de los símbolos de los visitantes puede interpretarse como arma o herramienta. Importante matiz para su desenlace. Sin embargo, a pesar del imaginario popular, nada dice que la comunicación con la vida inteligente extraterrestre sea factible. Para dar con una posible explicación a la hipótesis de la imposibilidad para comunicarse con el mundo alienígena, debemos detenernos a analizar algunos tipos de comunicación en nuestro planeta.

Hay que reconocer que hablar del lenguaje de los animales es un tema espinoso, puesto que no existe un consenso sobre su verdadero alcance. ¿Se puede hablar de sintaxis? La idea más extendida es que no, pero algunos estudios dejan la puerta abierta a una proto-sintaxis. Por tanto, limitémonos a hablar de comunicación entre animales y a referirnos a ella como una mera transmisión de información. Esta es una definición lo suficientemente amplia como para incluir a los organismos vivos, en general, y hasta ajustarse al tipo de comunicación tecnológica como, por ejemplo, la de un GPS con su satélite.

Las formas de comunicación de diferentes especies pueden ser complejas. En nuestro caso, lo más importante es resaltar que no se limitan a la vocalización, al igual de lo que ocurre en la película. Las hormigas, por ejemplo, se comunican entre ellas a través de rastros químicos y feromonas. Más conocido es el baile electrizante de las abejas para indicar dónde se encuentran las flores con néctar. Otro buen ejemplo son los delfines. Su modo de comunicación es fascinante; se compone de contacto físico, signos visuales, posturas y hasta vocalización. Sin embargo, lo más interesante no es tanto su lenguaje propiamente dicho (que, aunque complejo, sigue estando muy lejos del humano), como nuestra incapacidad para comprenderlo completamente a pesar de las décadas empleadas a la investigación de estos cetáceos. Así pues, si un tipo de comunicación tan relativamente simple, como la de los delfines, nos puede resultar problemática, ¿seríamos realmente capaces de descifrar un lenguaje inteligente de otro planeta?

En La llegada’, los extraterrestres se expresan a través de sonidos e imágenes. No sabemos si los sonidos que emiten son algún tipo de forma de comunicación. Eso, simplemente, queda fuera del foco de atención del guion (al contrario de en la película Close encounters of the third kind). En cambio, los símbolos en forma de círculos que esculpen en el aire, aun formando parte de un código diferente, sí tienen significado y son interpretables. Por consiguiente, los humanos y los alienígenas comparten en esta película, no ya rasgos del lenguaje humano (discreticidad, productividad, semanticidad, etc.), que también, sino de percepción sensorial.

Volviendo al ejemplo de los animales, el sentido de la vista o localización muestra una gran variedad en sus formas: el radar para los murciélagos, los infrarrojos para las serpientes pitón indias, la luz polarizada para las abejas, etc. Desde luego, el lenguaje humano es más sofisticado porque necesita comunicar información mucho más compleja, pero parece puramente casual que los humanos y los extraterrestres tengamos tanto en común, en esta película, a la hora de percibir los mensajes. ¿Por qué debería ser una comunicación sensorial? ¿No podría haber otros canales de transmisión de información como, por decir algo, diferentes estados de conciencia? ¿Y si, simplemente, la comunicación fuera imposible?

Todavía sería menos probable compartir con los extraterrestres el procesamiento de la información, la interpretación del mensaje y, en última instancia, los procesos cognitivos implicados en el pensamiento, aunque siga sin estar del todo clara la relación entre lenguaje y pensamiento. La presentación de esta parte de la película (elementos biográficos, tiempo no lineal, valores femeninos, etc.) me parece muy confusa, si bien el argumento es plenamente efectista: la protagonista llega a conectar con la forma de pensar de los extraterrestres conforme va aprendiendo su lengua y por su conocimiento lingüístico, es decir, porque parece que logra poner en práctica la teoría de Sapir-Whorf, según la cual la percepción de la realidad está relacionada con las características de la lengua que uno habla.

En definitiva, la invención lingüística de La llegada’ se parece demasiado a la definición del lenguaje humano y a todo lo que comporta: un conjunto arbitrario de signos organizados en una gramática cuyos componentes (limitados) tienen la capacidad de combinarse a través de reglas y crear y comunicar significado (ilimitado). Será por exigencias del guion, pero el aspecto lingüístico de esta película me resulta demasiado anodino.

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