Generativistas y funcionalistas. El eterno debate

En una de esas perlas que no suelen abundar en la bibliografía y que, en realidad, es una cita de una cita de una cita, Elizabeth Bates dice que la corriente funcionalista en lingüística es como el protestantismo: es un grupo “of warring sects” que coincide solamente en su rechazo a la autoridad del Papa. La metáfora es de la década de los 80. Parece que no es por casualidad que no se refiera al grupo o al conjunto, es decir, a la escuela generativista (la Iglesia católica, siguiendo con la analogía), sino que prefiera centrarse en una sola figura: su Sumo Pontífice. Es suficientemente significativo.

Uno de los ejercicios más pedagógicos y maduros, al menos en sus intenciones, a los que he podido acceder en el eterno e incluso (auto)destructivo debate en lingüística es el libro What Counts as Evidence in Linguistics. Se trata de algo tan poco usual como una propuesta de diálogo –en formato de exposición, réplica y contrarréplica– entre autores funcionalistas y generativistas. Eso sí, aunque los investigadores se hayan mostrado dispuestos a la tan loable actividad del debate público, tras la lectura uno se queda con la sensación de que las posiciones siguen tan enquistadas como de costumbre. Y todo ello, con la correspondiente constatación de la fractura de la disciplina, claro está.

Hoy voy a dar un ejemplo en un sentido, pero volveré a este libro para explicar mis dudas sobre otro punto en el sentido contrario.

Tiene razón Tomasello¹ cuando dice en un capítulo del libro, por ejemplo, que cada teoría generativista incluye propiedades y rasgos lingüísticos distintos y hasta contradictorios. Si se supone que todos los rasgos que acumulan son universales, pero divergen tanto dependiendo de los autores: ¿estamos hablando de la misma cosa?, ¿es seria semejante propuesta tan poco coincidente? Parece que la anterior analogía de Elizabeth Bates se puede aplicar también al generativismo con unas pocas modificaciones. Ahora, lo importante no sería tanto la figura del Papa como las intrigas y las luchas soterradas entre cardenales generativistas.

Como en cualquier debate, ya sea entre lingüistas o en una comunidad de vecinos, la contrarréplica a Tomasello es más automática y autoafirmadora que otra cosa. Es a Wunderlich a quien le toca sufrir al implacable Tomasello. La estrategia del generativista consiste en algo tan simple como en darle la vuelta al argumento de su contrincante: no hay que confundir lo esencial; lo principal es la convergencia, lo que une a la escuela generativista, y no la diferencia. En todo caso, ante la necesidad de hacer alguna referencia a la evidencia expuesta por Tomasello, en forma de lista de rasgos lingüísticos no coincidentes en las distintas propuestas del paradigma generativista, se dice que la diferencia, en realidad, hay que verla como sinónimo de revisión, evolución, vigor, dinamismo, vitalidad… inherente a cualquier campo de conocimiento. ¿La oposición? También. Y también la contradicción. Por lo visto, en ningún momento esto afecta a la solvencia teórica del generativismo. Es una respuesta de libro, simplona pero eficiente para sus propósitos, de esas que te encuentras en cualquier debate parlamentario o entre tertulianos.

El colofón en la argumentación es la socorrida idea popperiana de la refutación y, más concretamente, la ausencia (no porque no sea posible, por supuesto) de falsificación de los postulados generativistas por parte de los funcionalistas. Poco importa el cambio de papeles y la utilización de los argumentos epistemológicos del contrario: Popper, aunque escéptico, se sitúa dentro del empirismo y era deductivista, mientras que Chomsky, que es intuicionista, se adscribe al racionalismo. En cualquier caso, la contrarréplica de Wunderlich es definitiva y deja poco margen de maniobra, porque vuelve al punto de salida: lo importante no es tanto la necesidad de una confirmación propia (generativista) como la exigencia de la refutación ajena (funcionalista). En esta ocasión, hablamos de argumentos empíricos, faltaría más.

Más allá de la anécdota, que no deja de ser una ejemplificación más de un fracaso disciplinar, los lingüistas no alineados se preguntarán qué partido tomar. Contrariamente a lo que se pueda pensar del tono de lo expuesto anteriormente, quizás una postura para salir airoso de este desbarajuste sea la de no rechazar per se la posibilidad de un modelo compuesto por principios universales, más o menos cercano a la Gramática Universal. Es la que tomo yo. Aunque seguramente peque de demasiado prudente, mis años en Canadá han tenido un efecto conciliador y, sobre todo, comprensivo en lingüística. Eso sí, su estatuto científico último puede seguir poniéndose en duda.

Queda mucho todavía por descubrir. Como dice Jackendoff (generativista), todavía no alcanzamos a saber ni cómo se produce una cosa tan simple, cognitivamente hablando, como un solo sonido, desde un punto de vista neuronal.

Decirse generativista en estos días puede ser tachado de temerario, sobre todo en Europa. Si hablamos en términos de moda, de discurso y hasta de ideología, se podría decir que esta corriente está en declive. Sin embargo, más allá de etiquetas, la lectura de este libro es, como poco, un buen antídoto contra una tendencia, a veces habitual, a la crítica fácil, superficial y sin mucho conocimiento de causa. También sirve, cómo no, para poner en práctica la mesura y el respeto al trabajo de otros.

El libro no es reciente, pero el debate no se apaga.


PD. Para equilibrar la balanza de las metáforas, ahí va una (más comedida) del otro lado (Wunderlinch): la gramática universal es un intento de acto lingüístico emancipatorio de las tradiciones filológicas, sociológicas o psicológicas.


  1. No obstante, no está en lo cierto cuando, refiriéndose a otras propiedades únicas de los humanos (suponiendo que la Gramática Universal sea una de ellas), dice que nadie ha propuesto algo parecido a la Música Universal. Pues bien, Jackendoff es coautor de un libro titulado A Generative Theory of Tonal Music. Por cierto, y ya termino, Fischer (funcionalista) califica las propuestas de Jackendoff de “watered-down version of UG”. Quizás sea aplicable a su teoría generativa de la música tonal.
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